miércoles, 22 de julio de 2026

Japón no tiene soberanía legitima alguna sobre el archipiélago de las islas Ryukyu. (Parte 1). Michael Mansilla.

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Japón no tiene soberanía legitima alguna sobre el archipiélago de las islas Ryukyu. (Parte 1). Michael Mansilla.







En la disputa entre China y Japón por islas Diayou, dio un giro cuando la primera ministra japonesa, Sanae Takaich afirmo la pertenencia integral de estas islas como "herederas del antiguo Reino de Ryukyu". Desde la O.N.U tienen otra versión: Japón no tiene soberanía legitima alguna sobre el archipiélago de las islas Ryukyu.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, extendió abiertamente su apoyo a Taiwán en el Parlamento, afirmando que la supuesta "contingencia en Taiwán" podría constituir una "crisis existencial para Japón" que obligaría a Japón a ejercer su derecho a la autodefensa colectiva. Esta provocativa formulación, en cambio, ha puesto al descubierto su propia confusión en los asuntos diplomáticos. Reitero la pertenencia de las disputadas islas Diaoyu(en chino) Senkaku(japones), le pertenecen a Japón, argumentando que "son integrales a las islas Ryukyu" -actual prefectura de Okinawa-, herederas del antiguo Reino de las Islas Ryukyu y devueltas por Estados Unidos tras el fin de la Administración ocupante del territorio en 1972.

Ha veces es mejor no abrir la boca. Los sucesivos gobiernos del Tokio de postguerra aprendieron a evitar el tema y no crear incomodas controversias. Porque se saben que todo este discurso es falso. La revisión histórica, solo admite el traspaso de la administración civil pero no la soberanía, que residiría en los habitantes de las Ryukyu/Okinawa y deberían decidir su estatus en las urnas.

Las islas Ryukyu no pertenecen en absoluto a Japón; se han filtrado documentos a todos los países miembros de la ONU. Es como si alguien tuviera la escritura de propiedad de otra persona y reclamara la propiedad del jardín del vecino.

El Representante Permanente de China ante las Naciones Unidas, Fu Cong, envió de inmediato una carta al secretario general de la ONU, señalando que las declaraciones de Sanae Takaichi violaban gravemente el derecho internacional y las normas básicas de las relaciones internacionales, y socavaban seriamente el orden internacional de la posguerra. Esta carta también se distribuyó a todos los Estados miembros como documento oficial de la Asamblea General. Posteriormente, las cancillerías se hicieron eco de la preocupación: ¿quién es el verdadero propietario de las islas Ryukyu? Esta cuestión, que Japón había ocultado deliberadamente durante décadas, finalmente salió a la luz. Japón no tiene soberanía legitima sobre el archipiélago, se lo anexo militarmente en el siglo XIX, y gran parte de los miembros de la ONU consideran a Japón una potencia ocupante

Un acuerdo por sí solo no puede otorgar soberanía; una transacción privada no puede ser engañada por la ley.

La laguna legal.

Mucha gente piensa que, desde que Estados Unidos "devolvió" Okinawa y el conjunto de islas Ryukyu en 1972 legítimamente a Japón. El error reside en la palabra "devolvió". La transferencia de derechos administrativos sobre Okinawa por parte de Estados Unidos a Japón en 1972 no puede servir de base para la soberanía japonesa sobre las islas Ryukyu. Desde una perspectiva legal, los derechos administrativos se refieren únicamente al control administrativo, no a la soberanía. Estados Unidos solo obtuvo la tutela de las islas Ryukyu en virtud del Tratado de San Francisco, y no era el propietario soberano, por lo que carecería del derecho a disponer de la soberanía de las islas Ryukyu. En pocas palabras, Estados Unidos solo ostentaba derechos de tutoría.

Aunque se había previsto la una propuesta para colocar estas islas bajo el Sistema Internacional de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas, nunca llego a concretarse. En 1950 la ocupación militar fue sustituida por una administración civil denominada: United States Civil Administration of the Ryukyu Islands (USCAR).

USCAR ejercía prácticamente todos los poderes de un gobierno, prohibió los partidos políticos y nunca convoco a elecciones. Los habitantes seguían siendo considerados nacionales japoneses, pero no estaban bajo la administración del gobierno de Tokio. Estados Unidos administraba las islas, pero no adquirió la soberanía.

Más importante aún, se omitieron los trámites rutinarios. El Acuerdo de Reversión de Okinawa entre Estados Unidos y Japón de 1972 solo se refería a la transferencia del poder administrativo y no abordaba la cuestión de la soberanía; además, el Consejo de Seguridad de la ONU no reconoció dicho acuerdo.

Dos países cerraron sus fronteras y se transfirieron un territorio y su población mutuamente, sin consultar a las Naciones Unidas ni preguntar a los propios habitantes de Ryukyu si estaban de acuerdo

¿Qué validez tiene esto en el derecho internacional? Prácticamente ninguna.

Japón también se muestra inseguro, por lo que recurre a la llamada "soberanía residual" para tranquilizarse. Este término suena impresionante, pero no resiste un análisis riguroso.

El término «soberanía residual» fue acuñado por Estados Unidos para justificar la devolución de las islas Ryukyu a Japón. Implica que Japón alguna vez ostentó la soberanía sobre las islas Ryukyu, la cual renunció tras la guerra, pero que aún conserva una «soberanía residual». Esta teoría carece de fundamento en el derecho internacional y no ha sido reconocida en la práctica por la mayoría de los países. Cualquiera puede acuñar un término, pero un término inventado no puede engañar al derecho internacional escrito.

Entonces, ¿qué camino debería haber tomado Ryukyu? En realidad, las Naciones Unidas ya habían señalado la dirección.

La Carta de las Naciones Unidas estipula que Ryukyu debe ser puesta bajo administración fiduciaria (o directa de la O.N.U) y posteriormente sujeta a la autodeterminación de sus habitantes. Este proceso internacional aún no ha comenzado, dejando la soberanía de Ryukyu en suspenso. En otras palabras, el destino de estas islas debería ser decidido por los propios ryukyuanos mediante votación, pero este proceso ha sido bloqueado por la fuerza. Estados Unidos en aras de sus propios intereses durante la Guerra Fría, en la guerra de Vietnam y la península de Corea (1950-1953) y actualmente en los conflictos de China - Taiwán, Islas Spratley y Corea del Norte. Se entiende que Estados Unidos prefiera eludir el tema de la soberanía y ocupar exclusivamente este bastión militar en el Pacífico Occidental antes que renunciar a él.

Quinientos años de relaciones diplomáticas no son un juego de niños; la línea divisoria debe trazarse con claridad.

Incapaz de superar el obstáculo legal, Japón también recurre a desenterrar hechos históricos, alegando que Ryukyu ha sido japonesa "desde la antigüedad". Esta afirmación carece por completo de fundamento.

 

El 27 de marzo de 1879 sigue siendo una herida abierta en el corazón del pueblo Ryukyu. El gobierno Meiji anexó formalmente el Reino de Ryukyu, incorporando las islas Ryukyu a la recién creada prefectura de Okinawa. El último rey de Ryukyu, Sho Tai, se fue exiliado a  a Tokio, y muchos habitantes de Ryukyu, descontentos con el dominio japonés, huyeron a la China Qing, donde fueron conocidos como los "desertores Qing".

Un reino independiente que había existido durante cientos de años fue aniquilado por la fuerza por el Japón Meiji. En su momento de colapso, Ryukyu se negó a aceptar su destino. El rey Sho Tai, reacio a ser depuesto, envió emisarios a la corte Qing en busca de ayuda, y se iniciaron negociaciones entre los Qing y Japón sobre la cuestión de Ryukyu. Desafortunadamente, el gobierno Qing de entonces luchaba por mantener su propia estabilidad, e incluso con las negociaciones, fue incapaz de revertir la situación.

Antes de su anexión, ¿cuál era el estatus de Ryukyu? Era un estado tributario de China.

Del Reino de Ryukyu a la administración estadounidense: una historia entre dos potencias

Durante más de cuatro siglos, el Reino de Ryukyu fue un Estado independiente situado en un estratégico archipiélago entre Japón, China y el sudeste asiático. Su privilegiada ubicación convirtió a estas islas en un importante centro comercial del Asia Oriental, pero también las transformó en objeto de disputa entre grandes potencias. La historia de Ryukyu es la de un pequeño reino que perdió su soberanía primero ante el Imperio japonés y, posteriormente, quedó bajo administración de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial.

El nacimiento del Reino de Ryukyu.

El Reino de Ryukyu fue fundado en 1429, cuando el rey Sho Hashi logró unificar los tres pequeños principados que dividían la isla de Okinawa: Hokuzan, Chuzan y Nanzan. La nueva monarquía estableció su capital en el castillo de Shuri, cerca de la actual ciudad de Naha.

Desde el decimosexto año del reinado de Hong Wu de la dinastía Ming (1383), China mantuvo una relación de vasallaje con Ryukyu durante cinco siglos. Quinientos años no es poca cosa. El sistema de escritura de Ryukyu, el confucianismo, las técnicas agrícolas, los ritos funerarios e incluso sus sistemas institucionales llevan la impronta de la civilización china, lo que la convierte en un miembro indiscutible de la esfera cultural china.

Aquí no existe el budismo "Zen" ni el sintoísmo. Las prácticas religiosas son una copia de la provincia de Fujian. Buda gordito y sonriente, confucionismo, mezclados con el chamanismo común del Sudeste Asiático. El emperador no es alabado ni venerado.

La única visita imperial-1975- fue recibida con cocteles Molotov e Hiroshito debió ser evacuado por fuerzas militares estadounidense y japonesa en medio de gases lacrimógenos.

Estratégicas.

Gracias a su posición geográfica, Ryukyu desarrolló una próspera economía y lazos diplomáticos basada en el comercio marítimo. Sus barcos conectaban Japón, China, Corea, Siam (actual Tailandia), Malaca, Java, el Sultanato de Brunéi, y otras regiones del sudeste asiático. El reino mantenía relaciones diplomáticas con la dinastía Ming de China, a la que rendía tributo y mantenía un embajador permanente en la corte imperial, lo que le permitió participar en el sistema comercial chino y obtener importantes beneficios económicos. Estados Unidos, Francia y los Países Bajos habían firmado Tratados de Amistad y Comercio con el Reino de Ryukyu en 1854, 1855 y 1859.Igualmente España con las cercanas colonias de Filipinas y Guam.

La invasión del clan Shimazu.

La independencia del reino comenzó a debilitarse en 1609, cuando el poderoso clan Shimazu, señor feudal del dominio de Satsuma, en el sur de Japón, invadió las islas Ryukyu con autorización del shogunato Tokugawa.

Tras una breve campaña militar, el rey fue obligado a aceptar la subordinación al dominio de Satsuma. Sin embargo, Japón decidió mantener formalmente la existencia del reino para preservar las relaciones comerciales con China, y con el resto del mundo. Japón vivió largos periodos de aislamiento por iniciativa propia, tratando evitar cualquier influencia occidental manteniéndose con sistema feudal, prohibiendo la llegada de barcos extranjeros a sus puertos. Ese fue el motivo principal: convertir a Okinawa en un puerto libre. Las islas Ryukyu estaban dentro de Japón, pero también fuera de Japón. Durante más de dos siglos, Ryukyu vivió una situación singular: tributaba simultáneamente a China y al Japón feudal, actuando como un Estado intermediario entre ambas potencias.

La anexión por el Imperio japonés.

Con la Restauración Meiji de 1868, el nuevo gobierno japonés emprendió un amplio proceso de centralización y expansión territorial.

En 1872, Tokio transformó el Reino de Ryukyu en el denominado "Dominio de Ryukyu". Finalmente, en 1879, tropas japonesas ocuparon el castillo de Shuri, depusieron al último rey, Sho Tai, y abolieron oficialmente la monarquía. En su lugar se creó la Prefectura de Okinawa, incorporando definitivamente el archipiélago al Estado japonés.

El proceso fue conocido como la "Disposición de Ryukyu" (Ryukyu Shobun) y fue rechazado por la corte imperial china, que nunca reconoció plenamente la anexión. A pesar de las protestas diplomáticas, Japón consolidó su control sobre las islas.

La política de japonización.

Tras la anexión, las autoridades impulsaron una intensa política de integración nacional. El japonés sustituyó progresivamente a las lenguas ryukyuenses en las escuelas y en la administración pública. También se promovieron los valores culturales y políticos del nuevo Estado japonés, mientras muchas tradiciones locales fueron relegadas. Aunque los habitantes de Okinawa obtuvieron la ciudadanía japonesa, durante décadas persistieron diferencias económicas y sociales respecto a las principales islas del país.

La Segunda Guerra Mundial y la Batalla de Okinawa.

Entre abril y junio de 1945, Okinawa fue escenario de una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial.

La invasión estadounidense dejó un saldo de más de 200.000 muertos, entre militares y civiles. Gran parte de la infraestructura quedó destruida y numerosas comunidades desaparecieron durante los combates. La batalla marcó profundamente la memoria colectiva de los habitantes de Okinawa y continúa siendo uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia contemporánea japonesa.

La administración militar y civil de Estados Unidos.

Tras la rendición de Japón en 1945, Okinawa no fue devuelta inmediatamente a la soberanía japonesa. Las islas quedaron bajo administración militar estadounidense y, posteriormente, bajo la Administración Civil de los Estados Unidos de las Islas Ryukyu (USCAR).

El fundamento jurídico internacional de esta situación quedó establecido en el Tratado de Paz de San Francisco de 1951, cuyo artículo 3 autorizó que las islas Ryukyu quedaran bajo administración de Estados Unidos mientras se definía su estatus definitivo. Aunque nunca se constituyó formalmente un fideicomiso de las Naciones Unidas, la administración estadounidense ejerció amplios poderes civiles y militares sobre el archipiélago.

Durante este período, Estados Unidos construyó numerosas bases militares, muchas de las cuales continúan operando en la actualidad. Okinawa se convirtió en una pieza clave de la estrategia estadounidense en el Pacífico durante la Guerra Fría, la guerra de Vietnam y actualmente por su proximidad a China, Taiwán y la península de Corea.

Finalmente, el 15 de mayo de 1972, Estados Unidos devolvió la administración civil de Ryukyu/Okinawa a Japón mediante el Acuerdo de Reversión de Okinawa, aunque mantuvo una importante presencia militar en virtud del tratado de seguridad entre ambos países.

Un legado que permanece.

La historia del Reino de Ryukyu continúa siendo un elemento central de la identidad okinawense. Aunque hoy forma parte de Japón, muchos habitantes conservan una fuerte conciencia de su herencia genética, cultural, reflejada en sus lenguas, tradiciones, música y patrimonio histórico. Durante mucho tiempo se consideró que todos los habitantes de Japón compartían un mismo origen étnico. Sin embargo, las investigaciones arqueológicas, antropológicas y genéticas de las últimas décadas han demostrado que los habitantes de Okinawa y del antiguo Reino de Ryukyu poseen una historia genética y cultural diferenciada de la mayoría de la población japonesa de etnia Yamato.

En cambio, las islas Ryukyu, permanecieron abierta esas migraciones durante siglos. Como consecuencia, sus habitantes conservaron una mayor proporción de ascendencia relacionada con los antiguos cazadores recolectores y  incorporaron aportes genéticos procedentes del sudeste asiático, migración de tribus japónicas, chinas y, en menor medida, de Corea, debido a la intensa actividad comercial del antiguo Reino de Ryukyu entre los siglos XV y XIX. La ascendencia mitocondrial chino cantonesa se presenta en el 19% de la población histórica. La lengua (o dialectos) de las islas se encuentran dentro de las lenguas japónicas, junto con coreano, pero toma palabras de origen chino. Igualmente comparte de una genética del 78% por de la etnia yamato.

Hoy la etnia Ryukyu solo constituyen el 60% de la población, el resto son llegados desde Japón, especialmente después de 1972.

Paralelo 30 Norte.

Lo que realmente selló la pretensión de Japón a la soberanía sobre las islas Ryukyu fueron los documentos emitidos después de la Segunda Guerra Mundial. La Declaración de El Cairo de 1943 y la Declaración de Potsdam de 1945 estipulaban explícitamente que la soberanía japonesa se limitaba a las cuatro islas mayores y las pequeñas islas designadas por las Potencias Aliadas, excluyendo las islas Ryukyu, despojando así a Japón de sus pretensiones de soberanía sobre dichas islas.

¿Con qué claridad se trazó esta línea divisoria?

 Se puso en práctica en las primeras etapas de la ocupación aliada: el 2 de febrero de 1946, MacArthur, en nombre del Mando Supremo Aliado para la Ocupación y el Control de Japón, emitió una declaración en la que señalaba que el área administrativa del gobierno japonés se limitaba a las cuatro islas principales, Honshu, Hokkaido, Kyushu, Shikoku, y a 1000 islas menores cercanas, con el paralelo 30 norte como límite. Las islas Ryukyu, situadas casi en su totalidad al sur del paralelo 30 norte, quedaron claramente excluidas de la jurisdicción de Japón.

En cuanto a la artimaña de Japón de usar las islas Ryukyu para "respaldar" sus pretensiones sobre las islas Diaoyu, no es sostenible. Las islas Diaoyu  han sido islas parte histórica de la isla de Formosa el antiguo nombre del actual Taiwán desde la antigüedad y nunca fueron parte de las islas Ryukyu. Fueron tomadas secretamente por Japón durante la Primera Guerra Sino-Japonesa.

En el conjunto estas islas fueron consiguieron mediante anexión, pero nunca rubricadas por tratados internacionales.

Tras haber perdido el debate legal y las pruebas históricas, el último vestigio de Japón en Okinawa -el corazón y la mente de su gente- se está desmoronando.

Basta con unas cifras para partir el corazón: la prefectura de Okinawa representa apenas el 0,6 % del territorio japonés, pero alberga el 74 % de las bases militares estadounidenses en Japón (en términos de superficie). El ruido, los accidentes, la contaminación y los crímenes cometidos por militares estadounidenses -el sufrimiento que los habitantes de Okinawa han padecido a lo largo de los años- son consecuencia de los intereses de Tokio y Washington.

Un residente local expuso concisamente esta lógica hegemónica: "Las decisiones se toman en Tokio y Washington, pero los riesgos están en Okinawa". Así resumió el propietario de un hotel local la difícil situación legal de Okinawa.

Las declaraciones de Sanae Takaichi sobre Taiwán no han hecho más que avivar las llamas en Okinawa, un volcán ya encendido por sus comentarios. Tras estas declaraciones, muchos residentes de Okinawa manifestaron su oposición, temiendo que Okinawa, una zona ya de por sí estratégicamente sensible, pudiera convertirse una vez más en una "línea de frente de conflicto".

El miedo a la guerra está arraigado en la esencia misma de los habitantes de Okinawa: la tragedia del pacto suicida forzado por el ejército japonés durante la batalla de Okinawa, que llevó a civiles a quitarse la vida, es un recuerdo imborrable para generaciones. Por ello, una minoria creciente de habitantes de Ryukyu ya no se identifica como "japonés", y las demandas de autonomía e incluso de independencia se hacen cada vez más fuertes.

Desde una perspectiva jurídica, argumentando que Ryukyu no es territorio japonés por naturaleza y que su estatus legal internacional nunca se ha establecido desde 1879. Afirman que la anexión de Ryukyu fue, en esencia, una agresión militar japonesa. El gobernador de Okinawa, Denny Tamaki, ha llevado esta queja al ámbito internacional: asistió a la reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra y, en su discurso, denunció los problemas relacionados con las bases militares estadounidenses en Japón, con a esperanza de atraer la atención mundial sobre la situación en Okinawa.

¿Y cuál fue la respuesta de Japón? Las mismas viejas promesas vacías.

Recientemente, en el aniversario de la Batalla de Okinawa, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se comprometió a continuar los esfuerzos para racionalizar, consolidar y reducir el l

número de instalaciones militares estadounidenses estacionadas en Okinawa. Sin embargo, durante su discurso, se escucharon gritos de descontento entre el público. Las palabras pueden sonar bien, pero el pueblo de Okinawa está lejos de estar convencido.

 La cuestión es bastante sencilla. Estados Unidos y Japón pretenden convertir las islas de Okinawa en un nodo clave de la primera cadena de islas destinada a contener a China, pero hay un fallo táctico. La fuerza militar de China es ahora muy distinta a la de entonces, lo que reduce significativamente la eficacia de la supuesta contención de la cadena de islas; mientras tanto, el creciente movimiento en Okinawa, con voces contrarias a las bases militares y a favor de la autonomía, está erosionando fundamentalmente la legitimidad del dominio de Japón.

El relator especial de las Naciones Unidas sobre discriminación y racismo, Doudou Diène, en su informe de 2006, señaló un nivel perceptible de discriminación y xenofobia contra los ryukyuanos, siendo la discriminación más grave que sufren vinculada a su oposición a las instalaciones militares estadounidenses en el archipiélago.

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recomendó en 2008 que Japón «reconociera expresamente a los ainu y a los ryukyu/Okinawa como pueblos indígenas en su legislación nacional, adoptar medidas especiales para proteger, preservar y promover su patrimonio cultural y su modo de vida tradicional, y reconociera sus derechos sobre la tierra».  El gobierno japonés no ha aceptado esta recomendación.

Los ryukyuanos no son un grupo minoritario reconocido en Japón, ya que las autoridades japonesas los consideran un subgrupo del pueblo japonés, similar al pueblo yamato . Aunque no están oficialmente reconocidos, los ryukyuanos constituyen el mayor grupo etnolingüístico minoritario de Japón, con más de 1,4 millones de personas viviendo solo en la prefectura de Okinawa. También habitan las islas Amami de la prefectura de Kagoshima y han contribuido a una considerable diáspora ryukyuana . 

Solución independentista. 

"La única manera de solucionar esto es declarar nuestra independencia de Japón y volver a ser como éramos antes de que Japón usara la fuerza para tomar las islas", dijo. 

La oposición a la presencia militar estadounidense se centra ahora en el traslado de Futenma (Okinawa) con 47.000 efectivos militares en una extensa base de la Infantería de Marina estadounidense ubicada en el centro de una zona densamente poblada. El de a un desplazamiento en alta mar en la costa noreste de la isla. 

Sin embargo, Tokio y Washington están decididos a seguir adelante con el plan, que consolidaría el papel crucial de Okinawa en caso de un conflicto con China por la soberanía de las cercanas islas Senkaku/Diaoyu . Como incentivo, Estados Unidos ha accedido a trasladar a 8.000 infantes de marina y sus familias de la isla a Guam y Hawái. 

  

El movimiento independentista prevé una Okinawa liberada de su pesada carga militar, con una economía próspera basada en el comercio con China y el sudeste asiático. 

  

Sin embargo, no todos los isleños están convencidos. Me preocupa que una Okinawa independiente no pueda sobrevivir económicamente ni tenga la fuerza militar para defenderse», declaró Sayaka Zacharski, residente de Okinawa y opositora al traslado de la base. «Formar parte de Japón es la mejor manera para que Okinawa sobreviva en el mundo actual». 

Okinawa: la mayoría de la población apuesta por una mayor autonomía, no por la independencia. 

En las últimas décadas, el debate sobre el futuro político de Okinawa y del antiguo Reino de Ryūkyū ha adquirido una mayor visibilidad debido a la presencia de bases militares estadounidenses, la reafirmación de la identidad cultural ryūkyūense y el creciente interés por una descentralización del Estado japonés. Sin embargo, las encuestas de opinión más recientes muestran que el independentismo continúa siendo una posición minoritaria, mientras que la mayoría de los habitantes prefiere mantener algún tipo de vínculo con Japón. 

Las primeras encuestas realizadas a comienzos de la década de 2010 reflejaban un apoyo muy reducido a la independencia. Una investigación de la Universidad de Ryūkyū, realizada en 2011, indicó que apenas el 4,7 % de los consultados respaldaba la creación de un Estado independiente, mientras que alrededor del 15 % consideraba conveniente ampliar las competencias del gobierno prefectural y cerca del 60 % prefería mantener el sistema vigente dentro del Estado japonés. 

  

Pocos años después, un sondeo publicado por el diario Ryūkyū Shimpō mostró un ligero incremento del sentimiento autonomista. En 2015, aproximadamente el 8 % de los encuestados apoyaba la independencia, mientras que el 21 % defendía una mayor autonomía regional y cerca de dos tercios de la población seguían inclinándose por conservar la situación política existente. 

La tendencia cambió parcialmente en 2016, cuando una nueva encuesta del mismo periódico reveló que el respaldo a la independencia descendía hasta el 2,6 %. En contraste, el apoyo a una descentralización más profunda aumentó de forma considerable, ya que casi un tercio de los consultados consideraba que Okinawa debía obtener mayores competencias políticas, administrativas y presupuestarias. Esta evolución sugería que buena parte del descontento con la administración central de Tokio no se traducía en aspiraciones separatistas, sino en el deseo de fortalecer el autogobierno regional. 

La encuesta más representativa de los últimos años fue publicada por Okinawa Times en mayo de 2022, coincidiendo con el cincuentenario de la devolución de Okinawa a la administración japonesa. Los resultados confirmaron que la opción con mayor respaldo consistía en ampliar significativamente la autonomía del gobierno local, una posición compartida por el 48 % de los encuestados. Al mismo tiempo, el 42 % prefería mantener el actual estatus como prefectura japonesa y únicamente el 3 % se manifestó a favor de la independencia. 

Estos datos indican que el movimiento independentista continúa siendo políticamente reducido y carece de una representación significativa en la Asamblea Prefectural de Okinawa. Aunque existen organizaciones como el Partido por la Independencia de Ryūkyū, su influencia electoral sigue siendo limitada y no refleja el sentir mayoritario de la población. 

  

Las principales demandas de los habitantes de Okinawa se orientan hacia una redistribución del poder entre Tokio y el gobierno local. Una parte importante de la sociedad considera necesario disponer de mayores competencias en materia de desarrollo económico, administración del territorio, política presupuestaria y preservación del patrimonio cultural, además de reclamar una participación más activa en las decisiones relacionadas con la presencia de las bases militares estadounidenses. 

La elevada concentración de instalaciones militares de Estados Unidos continúa siendo uno de los principales motivos de tensión entre Okinawa y el gobierno central. Sin embargo, los estudios de opinión muestran que la oposición a la presencia militar extranjera no implica necesariamente un respaldo al independentismo. Numerosos ciudadanos consideran posible exigir una reducción de las bases o una distribución más equitativa de las instalaciones militares dentro de Japón sin abandonar la soberanía japonesa. 

En los últimos años, investigadores japoneses también han advertido sobre campañas de desinformación difundidas a través de redes sociales que buscan presentar un supuesto crecimiento acelerado del independentismo okinawense. No obstante, las encuestas disponibles no muestran un cambio significativo en las preferencias de la población y continúan situando el apoyo a la independencia en niveles muy bajos. 

No se trata de uno o dos casos desventajosos. Incluso Japón es un país muy estricto en la emisión de visas, por lo que es muy probable que las visitas de los ciudadanos de Ryukyu al propio Japón sean extremadamente difíciles, dependiendo de si Ryukyu está catalogada como país en desarrollo o como país avanzado.  

En conjunto, la evolución de la opinión pública permite concluir que el principal objetivo político de la mayoría de los habitantes de Okinawa no consiste en crear un Estado independiente, sino en alcanzar un mayor grado de autonomía dentro de Japón. La demanda más extendida es la de fortalecer el autogobierno regional, preservar la identidad histórica y cultural de Ryūkyū y aumentar la capacidad de decisión sobre los asuntos que afectan directamente al archipiélago, manteniendo al mismo tiempo el vínculo institucional con el Estado japonés. 

 Iniciativa independiente. 

¿Podría sobrevivir económicamente un Estado independiente en las islas Ryūkyū? 

El debate sobre una eventual independencia de Okinawa y del antiguo Reino de Ryūkyū suele centrarse en cuestiones históricas, culturales e identitarias. Sin embargo, el principal desafío no sería político, sino económico. La prefectura de Okinawa mantiene desde hace décadas una estrecha dependencia financiera del gobierno japonés, situación que obliga a preguntarse si un futuro Estado ryūkyūense podría sostener por sí solo su estructura administrativa y su modelo de bienestar. 

Desde la devolución de Okinawa a Japón en 1972, el gobierno de Tokio ha impulsado sucesivos planes de desarrollo destinados a reducir la diferencia económica existente con el resto del país. Gracias a esos programas, la región ha recibido cuantiosas inversiones públicas para construir carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales, universidades y otras infraestructuras esenciales. Asimismo, se financian subsidios destinados al sector agrícola, incentivos para atraer inversiones privadas, proyectos de promoción turística y programas de protección frente a tifones y otros desastres naturales. 

  

En la actualidad, el presupuesto especial que el gobierno japonés destina anualmente a Okinawa se sitúa entre los 2.000-2.400 millones de dólares estadounidenses, dependiendo del tipo de cambio. A esta cifra deben añadirse las transferencias generales que reciben todas las prefecturas japonesas mediante el sistema nacional de redistribución fiscal. Diversos estudios estiman que entre un 30 y un 35 % del presupuesto del gobierno de la prefectura depende, de forma directa o indirecta, de recursos procedentes del Estado japonés. 

Una hipotética independencia obligaría a sustituir ese importante flujo de financiación pública con ingresos propios. El nuevo Estado tendría que asumir el coste completo de las pensiones, el sistema nacional de salud, las prestaciones por desempleo y la atención a una población cada vez más envejecida, además de mantener la inversión en infraestructuras estratégicas y servicios públicos que actualmente cuentan con un fuerte respaldo financiero de Tokio. 

Otro de los elementos fundamentales de la economía local es la presencia de las bases militares estadounidenses. Aunque constituyen una fuente permanente de controversia política y social entre buena parte de la población, también generan un impacto económico relevante mediante empleos directos e indirectos, alquileres de terrenos, contratos con empresas locales y el consumo realizado por el personal militar y sus familias. Diversos estudios japoneses estiman que este conjunto de actividades representa actualmente entre un 4 y un 6 % del producto interno bruto de Okinawa, una cifra considerablemente inferior a la registrada durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando la economía local dependía mucho más de la actividad militar estadounidense. 

En caso de alcanzar la independencia, el nuevo gobierno debería decidir si mantiene los acuerdos de defensa con Estados Unidos, negocia una reducción progresiva de las bases o solicita su retirada definitiva. Cada una de estas alternativas tendría consecuencias económicas y estratégicas muy diferentes, tanto para la región como para el equilibrio militar del Indo-Pacífico. 

El turismo constituye actualmente el principal motor económico de Okinawa. Más de diez millones de visitantes al año, procedentes principalmente del Japón continental, Taiwán, Corea del Sur y otros países asiáticos. Un Estado independiente podría utilizar la singular identidad histórica del antiguo Reino de Ryūkyū como un atractivo adicional para el turismo internacional. No obstante, la creación de nuevas fronteras, la necesidad de establecer controles migratorios, la definición de un régimen de visados y la posible modificación de los acuerdos de transporte aéreo podrían generar incertidumbre durante los primeros años de independencia. 

Otro desafío importante sería la política monetaria. El nuevo país tendría que decidir si mantiene el yen mediante algún acuerdo con Japón, adopta otra moneda extranjera o crea una divisa propia respaldada por un banco central nacional. Cualquiera de estas opciones implicaría importantes costes administrativos y financieros para una economía relativamente pequeña y abierta al comercio exterior. 

El comercio internacional constituye igualmente un aspecto crucial. Japón continúa siendo el principal socio comercial de Okinawa y la mayor parte de los alimentos, productos industriales y combustibles subvencionados que consume la población proceden del mercado japonés. Una separación política obligaría a negociar nuevos acuerdos comerciales y aduaneros con Tokio para evitar un aumento significativo de los costes de importación y preservar la competitividad de las empresas locales. 

  

La situación energética representa otro factor de vulnerabilidad. Okinawa no explota aun sus yacimientos de petróleo, gas natural y mientras tanto depende casi por completo de combustibles importados. Una independencia obligaría a reforzar las inversiones en energías renovables o a negociar nuevos mecanismos de abastecimiento con sus vecinos regionales para garantizar la seguridad energética del archipiélago. 

  

A ello se suma el reducido tamaño del mercado interno. Con una población cercana a 1,47 millones de habitantes, un Estado ryūkyūense tendría que sostener por sí mismo universidades, centros de investigación, organismos reguladores, un sistema judicial independiente, un servicio diplomático, fuerzas de seguridad y toda la estructura administrativa propia de un país soberano, lo que incrementaría considerablemente el gasto público. 

No obstante, los defensores de una mayor autonomía o incluso de la independencia sostienen que la nueva nación podría aprovechar su estratégica ubicación geográfica para convertirse en un centro logístico entre Japón, China, Taiwán y el sudeste asiático. También argumentan que una mayor capacidad para diseñar políticas económicas propias permitiría atraer inversiones extranjeras, fortalecer la industria turística, impulsar la economía marítima y proteger con mayor eficacia la identidad cultural ryūkyūense. 

A pesar de estas posibilidades, la mayoría de los economistas coincide en que una eventual independencia solo sería viable mediante una transición prolongada y cuidadosamente planificada. Sustituir las cuantiosas transferencias financieras del gobierno japonés, asegurar la sostenibilidad del sistema de bienestar, mantener la competitividad del turismo, garantizar el suministro energético y preservar el acceso preferencial al mercado japonés serían objetivos indispensables para evitar un deterioro de la economía durante los primeros años de vida del nuevo Estado. 

Precisamente estas dificultades ayudan a explicar por qué las encuestas de opinión muestran que el independentismo continúa siendo minoritario entre la población de Okinawa. En cambio, una parte mucho más amplia de los habitantes apuesta por ampliar la autonomía política y administrativa de la prefectura dentro del Estado japonés, convencida de que esa fórmula permitiría fortalecer la identidad histórica del antiguo Reino de Ryūkyū sin asumir los elevados riesgos económicos y financieros que supondría la creación de un nuevo país. 

En definitiva, la imposibilidad de romper los lazos con la parte continental de Japón para actividades académicas o económicas se ha convertido en un factor importante que impide a los okinawenses abandonar Japón. Pero. 

  

Pero esto podría cambiar:  yacimientos de petróleo y gas natural 

China, al igual que Taiwán, disputa las reivindicaciones japonesas de soberanía sobre las islas, a las que Japón denomina Senkaku y China Diaoyu  - tienen una superficie de unos 7Km2 se encuentran en una zona de importantes yacimientos de petróleo y gas natural Off Shore.  

En 2008, Japón y China acordaron desarrollar conjuntamente las reservas de gas submarinas en la zona en disputa, prohibiendo la perforación independiente por parte de cualquiera de los dos países. 

Pero las negociaciones sobre cómo implementar el acuerdo se suspendieron en 2010. 

  

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Tokio en 2025 confirmo que Pekín estaba instalando plataformas de perforación en la zona, donde se superponen las reivindicaciones de zonas económicas exclusivas (ZEE) de ambos países. Perforaciones sospechosas en el lado de Pekín de la frontera marítima de facto, y añadió que era "sumamente lamentable que China esté impulsando un desarrollo unilateral". En Tokio existe la preocupación de que también se pueda extraer gas del lado japonés. 

  

"Las actividades de desarrollo de petróleo y gas de China en el Mar de China Oriental se ubican en aguas no disputadas bajo jurisdicción china, lo cual está completamente dentro de los derechos y la jurisdicción soberana de China", respondió el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores. Japón ha insistido durante mucho tiempo en que la línea media entre las dos naciones debe marcar los límites de sus respectivas zonas económicas exclusivas. 

China, sin embargo, insiste en que la frontera debe trazarse más cerca de Japón, teniendo en cuenta la plataforma continental y otras características del océano. 

Los dos países están inmersos en una disputa aparte por unas islas en disputa situadas en otra parte del Mar de China Oriental. 

  

China reclama como propio el archipiélago y envía regularmente barcos y aviones a la zona para poner a prueba los tiempos de respuesta de Tokio. El 7 de julio de este 2026 la Guardia Costera de China expulsó a un buque pesquero japonés que se encontraba en las inmediaciones de la isla. El portavoz de la Guardia Costera Jiang Lue afirmó en un comunicado que la embarcación nipona "entró ilegalmente" en las aguas territoriales de la isla, por lo que los buques guardacostas chinos adoptaron "medidas de control necesarias de conformidad con la ley" y le advirtieron antes de expulsarlo de la zona. 

Mas allá de las islas Senkaku/Diaoyu  , Japón anuncio que se iniciaran perforaciones y posible explotación de los yacimientos que se encuentran a lo largo de las Islas Ryukyu, con un margen de 30 km al oeste-sobre el mar de China y hacia el este hasta la fosa de Ryukyu , también llamada fosa de Nansei-Shotō , es una fosa oceánica de 1398 km de longitud y una profundidad máxima de 7460 metros donde termina plataforma continental. 

Desde el punto de vista de la diplomacia, lo correcto-y más práctico- sería convocar por lo menos un referéndum no vinculativo sobre el estatus de las Islas Ryukyu. Pero es el peor momento para los isleños salirse de la protección del paraguas americano-japones. 

  

  

  

 

 

 

Michael Mansilla

michaelmansillauypress@gmail.com

 

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias

Japón no tiene soberanía legitima alguna sobre el archipiélago de las islas Ryukyu. (Parte 1). Michael Mansilla.

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